8- “A ojo de buen cubero”

Esta frase se refiere a algo que se hace de forma aproximada, sin precisión exacta, y sin usar ningún tipo de instrumento o herramienta de medición.
Antiguamente las cubas destinadas a contener agua, vino, aceite u otro líquido distinto eran fabricadas una a una por el cubero de forma artesanal y su capacidad variaba mucho en función de las medidas dictadas por los señores feudales. Todo dependía pues de la habilidad y el “buen ojo” del cubero para calcular su tamaño y que fueran todas más o menos iguales.

9- “A río revuelto, ganancia de pescadores”

Este dicho alude a los que medran aprovechando las revueltas y trastornos. En las situaciones confusas o cuando se producen cambios o desavenencias, hay quienes sacan beneficio aprovechando las circunstancias.
La experiencia demuestra que los pescadores cogen mucho más pescado en el agua turbia que en la clara, quizás porque cuando está turbia los peces no ven los peligros y caen más fácilmente.

10- “Dar gato por liebre”

Engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad.
Antiguamente, las hospederías, posadas y fondas gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas y calidad de sus comidas; algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Era tanto el descrédito de estos lugares que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que parados frente a la carne recién asada recitaban: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato”.
Por supuesto, este “exorcismo” nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar “gato por liebre”, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular. Entre otras acusaciones, los venteros a menudo eran sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y también de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Una de las estafas más comunes era dar carne de gato en lugar de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa, ofreciendo otra inferior que se le parece.

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